Ser la figura referente de Brasil es cargar con la historia de grandes jugadores que en su mayoría hoy son leyenda. Leóndias, Pelé, Garrincha, Zico, Romario, Ronaldo, Ronaldinho entre otros. En esta lista de figuras no encontramos a ninguno con las malas mañas de Neymar. Sí, sus malas mañas. Eso de tirarse con el más mínimo roce ante el rival. Sus continuos reclamos e insultos hacia el contrario e incluso llegar a mofarse de quienes le marcan con algunos excesos técnicos que a todas luces están de sobra.

Parece que a Neymar todavía no le ha caído el veinte en cuanto al significado de ser reconocido como el referente de Brasil. Es muy cierto que no siempre simula. Que a veces le pegan de verdad y le pegan fuerte. Pero viéndolo en el campo creo que él se centra más en el drama de las patadas  en lugar de mostrar la calidad que tiene. Y la tiene de sobra. Neymar cuenta una técnica privilegiada. No es una técnica que se va aprendiendo. Su técnica es de esas con la que se nace. Está en él. Y eso lo hace pasar a un nivel muy superior.

Pero cuando Neymar se olvida de todo esto y se dedica a “purgar” al rival exagerando algunas faltas o se dedica a confrontarlo con insultos, entonces él se pierde. Su más reciente “exhibición” fue ante Costa Rica. Lo del penal marcado y que corrigió el VAR (a veces ha funcionado bien) expuso de manera penosa su intento de engañar al árbitro central. El mundo no tardó en reaccionar ante tan lamentable espectáculo del brasileño que además incluyó otras simulaciones en distintas partes del campo.

Neymar debe dar un paso hacia la madurez emocional. Ya tiene 26 años pero su actitud dentro y fuera del terreno son las de un adolescente caprichoso y rebelde. El actual 10 de Brasil está infinitamente lejos de leyendas como Ronaldo, Ronaldinho, Pelé, Zico y demás. Ninguno de estos nombres navegaba sobre los terrenos dejando a un lado los valores del juego que tanto amaban. Al contrario, para ellos el campo era un lugar sagrado para mostrar sus virtudes con alegría y sobre todo con respeto hacia el rival y hacia el público.  Algo que Neymar no puede entender porque en su mundo sólo existe él, y nadie más que él.  Todavía estás a tiempo Neymar.


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