Comenzó en enero de 2015. Y comenzó con gran apoyo y gran ambiente. Las expectativas eran muy altas debido a su impresionante resultado con Costa Rica en el Mundial de Brasil. No hubo especial atención a todo lo que se dijo en Costa Rica sobre su salida. Hicimos caso omiso a las acusaciones de los jugadores ticos sobre la conducta de Pinto en las concentraciones. Sobre su trato fuerte y pesado a ciertos jugadores y cómo al final fueron los mismos futbolistas los que pidieron su salida.

El primer desencanto llegó en la Copa Oro de ese año. Derrotas ante Estados Unidos y Haití y un empate ante Panamá. Honduras se quedó fuera en la primera fase y además se quedó fuera de la Copa América Centenario. Aún así el ambiente a su alrededor era bueno. Se le dio el beneficio de la espera. Algo que usualmente no hacemos con entrenadores hondureños.

Luego llegaron los problemas con los jugadores. Jerry Bengtson, Carlo Costly, Anthony Lozano, Andy Najar y Roger Espinoza entre otros. Algunos regresaron, otros no volvieron. Poco a poco Pinto se convertía en un entrenador que dividía en lugar de unir. Se fue encerrando en su esquema y en su estilo. No aceptaba reclamos ni recomendaciones. Partido a partido Honduras no mejoraba y tan sólo tuvo brillo entre septiembre y octubre. Cierto, estuvo a segundos de clasificar porque esta eliminatoria de Concacaf fue muy floja.

En total Jorge Luis Pinto completó 35 meses en el cargo. Casí los tres años. Según nuestros estimados en su primer año devengó $50mil mensuales. El segundo año habría subido a $55mil mensuales. Y para el tercer año ganaba $65mil al mes. En total Pinto habrá cobrado al final de su gestión como entrenador de Honduras unos $2,000,000.00. Al cambio hablamos de Lps. 47 millones. Una fortuna para un país tan pobre como el nuestro.

Lo más lamentable fue ver cómo el colombiano hacía lo que quería y nadie lo puso en su sitio. Y cuando decimos nadie, nos referimos al entorno federativo que tenía la obligación de regularlo y exigirle mejores resultados.  Hoy ya es muy tarde. Lo más probable es que no le renovarán su contrato pero de igual manera él se irá con mucho dinero. Y nos dejará un fútbol dividido entre los “Pintistas” y los que estamos del lado de los jugadores. Y nos dejará también un estilo confuso y mezquino de juego. Un estilo que apuesta a lo que tal vez pueda salir en lugar de apostar a una ofensiva más valiente y más consistente. Pues no queda más que esperar.


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