Cristiano marcó en Champions por noveno partido consecutivo.

El equipo obligado a ganar por diferencia de dos goles jugó una primera mitad muy pero muy discreta. De hecho el Real Madrid tuvo siempre las más claras. Tan sólo una acción importante le podemos contabilizar el PSG que se perdió porque Mbappé se puso egoísta y buscó vencer a Keylor sin ángulo en lugar de habilitar a Edinson Cavani que cerraba solo.

Entre más vemos a este club parisino más nos convencemos que para armar un buen equipo no sólo se necesita tener mucho dinero para comprar a los supuestos mejores. También se ocupa producto cosechado en casa. Que sienta la mística del equipo y que sepan transmitirla a los que llegan de otros lados. El PSG no la tiene y no creo que llegue a tenerla porque ni siquiera su dueño entiendo lo que significa la mística y la esencia de un club.

La segunda mitad siguió con dominio para los merengues. En gran jugada por la izquierda un centro al segundo palo encuentra desmarcado a Cristiano Ronaldo para el 0-1. Cavani empató más por accidente que por buena jugada. Pero ese empate era un espejismo. El Madrid nunca perdió el control del partido.

Llegaría el gol de Casemiro para el 1-2 de carambola y entonces al estadio le cayó el veinte que el fracaso era irreversible y que el fracaso ya se había comenzado a sentir desde el partido de ida. Clasificación merecida para el Real Madrid que sin jugar un fútbol extraordinario pudo celebrar su cumpleaños con el pase a los cuartos de final.


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