Lo tengo ahora más claro que hace unos días. Porque los seleccionados que saltaron anoche al campo del Rommel Fernández lo intentaron todo con base a las armas que les entregó su entrenador, Jorge Luis Pinto.  Y es ahí en donde está el problema, las armas no son suficientes y en muchos casos son las equivocadas. El colombiano no respalda a sus guerreros con una estrategia correcta y en muchos casos tampoco los respalda con los refuerzos adecuados. Entonces el jugador se muere en el campo pero al final termina con una sensación de impotencia.

Anoche el duelo estaba para ganarlo. La Panamá que vimos es la peor versión de la Panamá de la hexagonal. La escuadra local no tenía calma, atacaba a lo loco, sin orden y se descuidaba mucho atrás. Pero la elección de Pinto era esperar en campo propio aún y cuando el empate no servía de mucho. A pesar de esto el fútbol nos abre la puerta con el golazo de Alberth Elis. La jugada fue un espectacular ejemplo de la esencia de un contra golpe. Y cuando ese gol cae era el momento de dar el golpe y buscar el tercero. Pero Pinto se equivoca de nuevo en la elección de los cambios. Primero los ingresos de Morazán y Andino y luego la salida de Rony Martínez.

Porque en la complejidad de un partido muy pobre, en todo sentido, el panorama comenzó a verse muy claro. Panamá andaba mal y había que aprovecharlo. Todo pasaba por asumir un poco más de riesgo. No podía entender como una escuadra con tan poca calidad de manejo de pelota, mantenía a la bicolor en su último cuarto del campo. Era evidente que había mucho más nivel de nuestro lado pero la elección fue quedarse muy atrás. Aquí es cuando el jugador se vuelve víctima y cae prisionero de la visión equivocada del entrenador.

El empate sobre la hora de Panamá parece demasiado premio para una escuadra que siempre arruga en los momentos claves y que no tiene la calidad cuando más la necesita. Pero debemos reconocer que ese empate grosero es el justo premio para un entrenador como Jorge Luis Pinto que, de nuevo, entendió al revés el partido y se lo dejó quitar de sus manos. Anoche el panorama no cambió en nada hacia lo positivo y tengo la sensación que más bien hemos dado un paso hacia atrás.

Ya en conferencia de prensa Pinto siguió mostrando el lado que más le gusta, el del “Yo”. De entrada cargó contra la prensa hondureña diciendo que estaba seguro que lo harían responsable a él. Luego, y como siempre lo hace, puntualiza los errores individuales en los goles que se reciben pero en ninguna parte habla de su mala elección para los cambios y su pobre lectura del partido. Y ante la pregunta sobre los pocos puntos logrados hasta ahora, responde acusando que lo que quieren es que renuncie y que él no va a renunciar. Habrá que recordarle a él y a nuestros directivos que, en cualquier parte del mundo, los entrenadores viven de los resultados.  Pero al parecer en Honduras nos basamos en otros parámetros.

 

 


Opinión

En Portada