Ayer por la tarde se desarrolló la final de nuestra Liga Nacional. En el marco del Torneo Clausura, Motagua se consagró como campeón por décima quinta vez en su historia.

Creo que ni para la final de la UNCAF había visto tantos aficionados azules allá por el 2007. Fue tanta la euforia que hubo cuatro muertos y varios heridos.

Llegamos temprano para ubicarnos y realizar nuestro trabajo. Las filas eran interminables, los aficionados se aglutinaban cada vez más. Una vez adentro de las instalaciones del Nacional, olvídense de la señal en sus teléfonos. Olvídense de la comunicación con sus familiares que estaban viendo lo que ocurría por televisión.

Nosotros, por nosotros me quiero referir a todos los que estábamos en el estadio, escuchábamos distintas versiones de lo que sucedía allá afuera. “Se peleó la policía con la barra”, “Lanzaron bombas lacrimógenas para dispersar”, “Están botando los portones”, “Se murió uno”, etc. Ya nadie sabía en qué creer en esos momentos.

Los comentarios eran tan esporádicos y superficiales que la gente siguió bebiendo, hasta el punto de emborracharse y no ver el partido. El sector de silla estaba tan abarrotado que habían personas “sentadas” en las gradas de acceso. Lo describo de esta forma porque la mayoría tuvimos que ver el partido incómodos al estar otros aficionados frente a nosotros. Cantamos el himno, hubo un minuto de silencio y no supe el por qué. Arrancaban los primeros 45 minutos y el público alentaba a medida se desarrollaban.

Terminó el partido 3-0 a favor de los azules. Como siempre, el desorden imperó en el acceso a cancha al final del juego. Vimos bengalas después de tan “minuciosa” revisión por parte de la policía, entre tanta gente, más de alguno pudo resultar quemado.

“Sólo pueden entrar los que tienen el carnet de acceso a cancha”. ¿Perdón? Se nos dijo que podríamos ingresar con el carnet que nos asigna la LINA al inicio de cada temporada. Unos 20 minutos después se nos dejó ingresar al campo para darle cobertura a las reacciones de los jugadores, directivos de LINA y ver el espectáculo que tenían planificado para la entrega de medallas y copa. Entre empujones, peleas entre encargados de seguridad y prensa, ingresamos junto a personas ajenas a los familiares y los que trabajábamos. Horas después me doy cuenta que habían muertos y esto quedó en un segundo plano.

La conferencia de la policía y sus anillos de seguridad se fueron al carajo al darnos cuenta de los cuatro muertos y multitud de heridos en una avalancha de gente tratando de ingresar al estadio. Hoy me di cuenta que los muertos estaban adentro del estadio cuando cantábamos el himno.

¿Qué tiene que suceder para que nos sensibilicemos?

Estoy terriblemente indignada ante estos hechos. La Liga Nacional debe comenzar a exigirle a los equipos locales que coloquen personal en las afueras de los estadios para evitar estas cosas. Colocar barandas puede ayudar, cerrar las calles desde que abran los portones, colocar más elementos de la policía; ¡Qué diablos sé yo! Al final, no sé si hubo sobre venta de boletos o falsificación, pero sea lo que haya sido; le costó la vida a cuatro personas. Las cosas se pueden evitar mediante planificación entre la Liga Nacional, los home clubs y la policía. Claro, comunicar al aficionado las medidas también puede ayudar. Hay tantas formas, tantas opciones.

Si se fijan, el aficionado de sol es tan bondadoso, que si ciento cincuenta lempiras costaba la entrada a sol, no comía un día o dos por ver a su equipo coronarse campeón. Dudo mucho que los que perdieron la vida, hayan ido a buscar la muerte y gracias a la falta de organización; la encontraron.

Es una tragedia, es de lamentar que mientras miraban el partido también miraban a los muertos en la pista olímpica. Lamento tanto la falta de empatía, lamento tanto que estas cosas se den en pleno siglo XXI en nuestro país. Pareciera que en vez de avanzar, estamos retrocediendo en cosas tan bonitas como el fútbol.

Felicidades Motagua por la 15.


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