La Copa Oro sigue mostrando síntomas inequívocos de decadencia que van llevando el torneo por el camino más agrio sin que los flamantes directivos de Concacaf reaccionen para provocar un cambio. El mundo se ríe de nosotros cuando lee cómo la Confederación permite la inscripción de un jugador y cuando su selección lo utiliza entonces lo castiga con la pérdida de los puntos. También el mundo ríe al ver cómo una selección que, no marcó un tan sólo gol, logra su pase a la siguiente ronda.

Pero también existen otros factores que van dañando la Copa Oro. Como por ejemplo que participen 12 selecciones y que 8 logren pase a a cuartos de final. Entonces cualquiera puede clasificar por muy mal que se juegue. Creo que el formato ideal sería que sólo el primer lugar de cada grupo clasifique y el mejor segundo lugar logre su pase. Entonces se iría directamente a semifinales.

Tampoco podemos dejar a un lado el tema de favorecer a Estados Unidos y México en diversos momentos para prepararles el camino a una final. Premeditado o no, es evidente que el torneo está diseñado para estas dos naciones. Claro, se junta la mediocridad de sus rivales que no son capaces de competirles.

La decadencia de esta Copa no es de hoy. Se viene dando desde hace algunos torneos. El nivel competitivo es tan pero tan malo, que por momentos nos vemos tentados a apagar la tele o cambiar el canal para ver otra cosa. En mi caso sólo se queda en tentación ya que nuestro trabajo nos obliga a verlo todo. Incluso los más malos y aburridos partidos. Ustedes, en cambio, puede darse a la fuga sin problemas.

He llegado a la conclusión que a la Concacaf no le interesa para nada levantar el nivel de la competencia. Incluso clasificar parece un chiste. En Centroamérica, por ejemplo, siete selecciones se disputan cuatro cupos directos y un quinto lugar busca clasificar vía repechaje. En el cono norte ni eliminatoria disputan. Estados Unidos, México y Canadá disputan su pase sin necesidad de eliminarse.

En realidad la Concacaf lo que busca es sacarle el jugo a los muchos indocumentados que luchan por una mejor vida y que llenan los estadios en los partidos de selecciones como México, Honduras, El Salvador y Guatemala. Taquillas jugosas que se suman a costosos derechos de transmisión por un torneo que, con base a su calidad, cada día vale menos. Es que la Copa Oro se devalúa tan rápido como moneda de país subdesarrollado.

 


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